Cristina es abogada. Está acostumbrada a leer leyes, a entender la letra pequeña, a no asustarse con un trámite. Y aun así, cuando nació su hija, se quedó sin saber por dónde empezar.
Los primeros días fueron lo que son: noches partidas en trozos, un cuerpo agotado, una alegría enorme y un cansancio igual de enorme. En medio de todo eso, alguien le dijo de pasada: "acuérdate de pedir las ayudas". Y ahí empezó otra historia.
Como buena abogada, se sentó a investigar. Quería entender qué le correspondía a su familia: prestaciones del INSS, deducciones, ayudas de su comunidad. Pensó que sería cuestión de una tarde. No lo fue.